Aborto en Chile: Un luto siempre
Pro-vida
Para Patricia Gonnelle, directora de Isfem, el aborto “terapéutico” no existe. “La terapia busca sanar y salvar; un aborto no sana ni salva”. Aquí nos explica que se mezclan dos temas totalmente diferentes:
1.- El asunto es que cuando la madre tiene una enfermedad grave y queda embarazada, al seguir su tratamiento puede morir el bebé; pero esto no es un aborto directo y voluntario, es indirecto. Se llama “aborto indirecto de doble efecto”, el feto muere al tratar la enfermedad de la madre, no se busca la muerte del feto. Existe un protocolo médico al respecto, y para ellos no existe la duda. Siempre buscarán salvar a la madre: si pueden salvar a los 2, bien. En este caso no se trata de estar en contra o a favor, ya que es un tema médico que está resuelto desde siempre.
2.- El proyecto de ley aborda el “aborto por inviabilidad fetal” o “eugenésico”, lo que es otra causal; se trata de abortar niños que vienen enfermos, o que están con una enfermedad congénita, o que por consecuencia morirán al poco tiempo de nacer. En este caso, en Isfem están en contra por varias razones. ¿Cuáles son sus argumentos? “Los diagnósticos no son nunca certeros. Los médicos no son omniscientes, y pueden equivocarse. Además siempre son tardíos, a los 4, 5, 6 o más meses, y las técnicas para abortar a estas alturas son terribles. Hay que hablar de este tema y hacerle ver a la madre lo terrible que es un aborto quirúrgico de esta índole. Un bebé a las 23 semanas ya puede vivir fuera del útero de la madre: si se aborta un bebé a los 7 meses fuera del útero, se habla de infanticidio. ¿Por qué no cuando está en el útero? ¿Cuál es la diferencia entre abortar en el vientre materno y fuera de él?
Con estos criterios, si el niño va a morir, entonces también matamos niños o personas que tienen un accidente fatal o un cáncer terminal. Eso es eutanasia. También se argumenta que es para evitar un sufrimiento ‘inútil’, tanto para el hijo como para la madre: dar vida a un ser que va a morir”. En este punto hacen hincapié en que el sufrimiento es un tema profundo. “No creemos que los legisladores sean tan poderosos como para ‘eliminar’ el sufrimiento con un proyecto de ley. Con el sufrimiento uno puede crecer, dar un giro en su vida hacia algo que de sentido a nuestras vidas, etcétera. En este caso, ¿qué pasa cuando se le dice a la madre que su hijo de 20 años tiene un cáncer y puede vivir sólo 2 meses más? ¿Habría que matarlo altiro para que no sufriera? ¿Qué mundo es este que queremos crear?”, se pregunta la directora de Isfem.
Además, expone Patricia, no es lo mismo que una madre diga a sus otros hijos “maté a su hermana porque estaba enferma” a que explique que “hice todo lo posible, murió, la enterramos y ahora podemos ir a verla en su tumba y dejarle flores”.
“Bajo el nazismo de Hitler, y en la Rusia soviética, se hacía segregación de raza: eso es eugenesia. Ojo con las políticas ‘segregacionistas’”. Y agrega “¿cuáles serán los criterios de ‘inviabilidad fetal’ en 20 o 50 años más? En Europa, por ejemplo, ya no se ven niños con síndrome de Down porque a los 6 meses las mujeres los abortan. ¿Eso es lo que queremos? Esto es lo que ocurre hoy en día con estas puertas que se abren cuando no se quiere cuidar de los débiles, los minusválidos, los desafortunados. Una sociedad desarrollada se mide por su capacidad de cuidar a sus enfermos y necesitados”, opina.
Violación del alma
¿Y en el caso de violación? Patricia Gonnelle dice que primero hay que aclarar que una violación que termina en embarazo es, sencillamente, excepcional, por razones “físicas” que conviene conocer: la posibilidad que una mujer este fértil al momento de la violación, el hecho que los violadores son personas que trastornos sexuales severos y muchos no terminan el acto, que la mujer violada entra en estado de shock y se puede inhibir la ovulación, que esta mujer puede estar tomando anticonceptivos, etcétera. “Son varias las variantes que hace que un embarazo por violación sea una excepción: uno no legisla sobre excepción”, argumenta.
Por otra parte, considera que la violación es un crimen, y el aborto es otro crimen. “La mujer que fue violada sufre un drama tremendo; al ofrecerle abortar le sumamos otro drama, otro dolor: matar a su hijo. A esta mujer hay que ayudarla, apoyarla durante su embarazo y ofrecerle dar su hijo en adopción. De lo contrario sería una doble víctima; el Estado debe más bien perseguir a los violadores y darles penas severas de cárcel para que no sigan siendo un peligro para la sociedad”, pide.
Aunque sobre este tema en particular no hay que olvidar las cifras de la encuesta de Flacso: el 66,7% está de acuerdo con el aborto en caso de violación, el 66,4% de acuerdo cuando está en peligro la vida de la mujer, y el 64% por malformación del feto.
La doctora Barría cree que el proyecto de ley presentado por los senadores Rossi-Matthei debe incorporar la violación como una tercera causal. “La posibilidad de incluirla dependerá de la capacidad de la sociedad de pedirla/exigirla, y de conquistar los votos en el Parlamento. Creo que no será fácil, pero nos parece de mínima justicia, así es que es muy importante seguir peleando por obtenerla. Para esto es indispensable incrementar la conciencia ciudadana y también la capacidad de lograr los acuerdos necesarios para estos ‘mínimos sociales’, en los cuales todas y todos nos podemos encontrar”.
La prevención
En otro sentido, la vocera de Miles comenta que disminuir el número de abortos nunca ha sido posible a través de la penalización. Lo que efectivamente consigue bajar la tasa es la educación sexual en las escuelas, dando acceso a anticonceptivos y a la píldora del día después, y enseñando y fomentando el uso de preservativo. “Lo increíble es que los mismos que se oponen a las interrupciones legales, incluso por estas causas, también se oponen a la educación sexual y las píldoras”, dice Soledad Barría.
La presidenta del Colegio de Matronas, Anita Román, añade que es necesaria una campaña de prevención del embarazo, ya que quienes más tienen embarazos no deseados son las adolescentes, y hoy no tienen ninguna posibilidad de acceso a educción sexual efectiva. “Lo que hacen es escuchar al psicólogo del colegio, a la profesora de Biología, a la monja. Ellas necesitan que alguien les hable del condón, de la píldora del día después, de cuándo tener relaciones sexuales, y eso deben dejárselo al experto, no a alguien que esté influido por aspectos valóricos o sicológicos”.
Por código sanitario las matronas tenían la facultad de dar métodos anticonceptivos, pero el método no estaba específicamente aclarado; sin embargo, el pasado martes 9 de agosto se aprobó en el Congreso que las matronas puedan decidir la indicación de métodos anticonceptivos hormonales o no. “Con esto no se dejan de lado los tres quintiles más pobres de este país, que son las mujeres que acuden a la matrona y no al médico. Darnos la posibilidad de indicar estas recetas es un paso que despeja la brecha de la discriminación”.
Igualmente, la secretaria ejecutiva del Observatorio Género y Equidad, Natalia Flores, asegura que estamos hablando una sociedad muy cínica, que le dice a todas las mujeres que no se pueden realizar un aborto, pero que tampoco ofrece educación sexual en los colegios que permita que las jóvenes conozcan todos los métodos anticonceptivos. “En un país donde no tienes educación sexual de calidad, donde los métodos que son repartidos en consultorios públicos no son de última generación, y además ni siquiera la píldora del día después es repartida gratuitamente porque algunos alcaldes ha decidido que, como ellos no están de acuerdo, todas las mujeres se ‘funaron’, se genera un círculo vicioso”, describe.
Pese a todas las posiciones, lo importante es conocer nuestra propia visión, y defenderla cuando sea preciso.
Considerando los momentos de agitación social que vivimos, lo importante para muchos es la posibilidad de escoger. “La gente tiene que tener el derecho a decidir. Si tú crees que el aborto es un pecado, no te lo realices; pero hay muchas personas que no somos parte de esas creencias, que tenemos el derecho a optar. Lo que hay aquí es un tutelaje sobre el cuerpo de las mujeres de parte desde los espacios fundamentalistas y religiosos”, finaliza Flores.