La especialista Jessica Sosa, de la Cl{inica Cordillera, subraya que en la etapa de duelo o elaboración de la pérdida es necesario crear una red de contención para los padres. Además no se puede descartar recibir apoyo de especialistas y de fármacos, a fin de evitar que este proceso se complique más de lo debido.
“La muerte de un hijo es siempre un acontecimiento tremendamente devastador para los padres, quienes se prepararon para cuidarlo, amarlo, educarlo y verlo crecer y no para este triste fin”. De esta manera la psicóloga de Clínica Cordillera, Jessica Sosa, explica los duros alcances del proceso que inicia la comunicadora Marisela Santibáñez tras la fulminante muerte de su hija Rafaela de siete años debido a una leucemia fulminante.
La especialista añade que en este caso en particular la situación se hace más difícil debido a la corta edad de la pequeña, la dura enfermedad que padeció y lo repentino de su muerte, elementos que complican la elaboración del dolor y la despedida. Sin embargo, Jessica Sosa señala que es posible iniciar un proceso de reparación frente a este dolor: “La fórmula va a depender de cada persona y de cada familia, lo importante es abrirse y poder conversar acerca de lo sucedido, mirar de frente el dolor y la pena. Seguir adelante como si nada, no es la idea”.
A juicio de Sosa, “seguir adelante implica reconocer y sentir el inmenso dolor que la muerte de una hija o hijo causó, tener un tiempo para enfrentar y comprender la muerte, tomando en cuenta que el duelo es una respuesta adaptativa, pero al mismo tiempo un proceso de curación”.
Consultada sobre si corresponde que los padres o familiares realicen terapia, la especialista indica que esto depende de cada persona. “Tal vez asistir a una terapia no sea tan necesario si existe un respaldo familiar y de amigos que formen una red de apoyo. Pero si la madre o padre sienten que es relevante recibir un apoyo que facilite el proceso de pérdida, la terapia con un psicólogo o psiquiatra es una alternativa”. Jessica Sosa apunta que “durante este proceso de pérdida pueden aparecer cuadros de depresión, ansiedad, insomnio o irritabilidad, entonces se debe evaluar la necesidad de suministrar algún fármaco”.
Entre las consecuencias que puede acarrear un duelo mal elaborado, la experta señala: “Esto se denomina duelo patológico y se caracteriza por la existencia de períodos de intensas emociones relacionadas con la pérdida, anhelo y deseo intenso de que el fallecido esté presente. Se pueden experimentar sentimientos de soledad o vacío los que puede llevar a que el afectado, por ejemplo, permanezca excesivamente en lugares que le recuerden al fallecido o realizar actividades que llevaban a cabo juntos. Del mismo modo, puede visitar en forma excesiva a personas que le recuerden al ser que perdió. El duelo patológico también se puede manifestar con trastornos del sueño o con pérdida de interés en el trabajo, en las relaciones sociales o en actividades lúdicas”.
En el camino hacia la aceptación
La psicóloga Jessica Sosa aclara que el proceso inicial de duelo puede extenderse por un año y medio aproximadamente, y que posee varias etapas. “La primera dura pocas semanas después de la muerte y está marcada por una consternación que por momentos, impide aceptar lo ocurrido. Luego se espera una etapa intermedia, caracterizada por sentimientos depresivos importantes. Aquí la persona se recluye y puede presentar mucha irritabilidad o un embotamiento afectivo. En esta etapa es importante que se puedan exteriorizar las emociones y recibir contención de forma oportuna. Estas etapas pueden ir presentándose de forma flexible y puede transcurrir más tiempo en una de ellas”.
La psicóloga puntualiza que “lo importante es enfrentar este proceso y que la persona avance hacia la disminución de los síntomas somáticos y psíquicos, de manera que ella o el puedan reorganizar su vida y en cierta forma poder avanzar hacia la aceptación de la pérdida”.