El día de los enamorados sabe a placer, además de a romance. Muchas veces, el ritmo cotidiano nos roba la intensidad y las ganas de gozar con nuestra pareja. Aquí presentamos un estimulante de todos los tiempos: la literatura erótica. Para torear las ganas este 14 de febrero, las letras pueden ser el mejor aliado.
Claudia Segovia (28 años, constructora civil) llevaba un par de meses con su pareja, pero sentía una desventaja tremenda sobre sí. “Tuve sexo bien tarde, por una cosa de formación y porque no encontraba a alguien realmente especial con quien me pasara algo potente. Eso me hace insegura. No tener mucho carrete en ese sentido es complicado”, revela. Esto, unido a que su nueva pareja es un hombre con bastante experiencia, la llevó a una difícil situación. Su inseguridad comenzó a mellar en la relación, pese a que él nunca se dio cuenta. ¿Qué podía hacer ella para ir más allá en lo sexual? ¿Cómo dejar de lado los temores que le rondaban en la cabeza?
De pronto, alguien le prestó el libro “Las edades de Lulú”, de la autora española Almudena Grandes, y algo pasó. “Sería falso decir que me cambió la vida, pero la historia repercutió en mí y comencé a buscar más lectura de ese estilo. Me sentí un poco la protagonista de todos los sucesos y dejé de mirarme feo, porque cada relato tenía un descubrimiento de mí”, comenta hoy, mucho más segura.
Y es que la literatura nos obliga a imaginar todo el tiempo y puede llegar a ser un excelente motor, un increíble estímulo.
Así lo confirma el psicólogo clínico, terapeuta sexual y de parejas y parte de Ikastola (institución de sexualidad, sicología y salud), Francisco Pérez Deney, quien explica que el plus de la literatura en general es “la posibilidad de ponernos en situaciones distintas, en escenarios diferentes y ante pensamientos diversos. Quizá muchos no tienen la oportunidad de viajar, pero a través de una novela se puede llegar al otro lado del mundo. La lectura potencia la imaginación y esto es bueno para el tema sexual, porque no todo pasa a nivel de piel’’.
La imaginación estimulada ayuda no sólo a ampliar el horizonte erótico personal, sino a comprender la diversidad en que se presenta el tema. Según detalla Pérez Deneb: “Si hubiera que ponerle algún orden a las prácticas sexuales, una de las últimas sería el contacto piel a piel. Antes de ello, para un buen sexo, convergen una serie de otros estímulos, de aprendizajes”. Lo erótico, entendiendo por ello todo lo que despierta en mí algún sentido asociado al tema sexual en el día a día. “Tiene mucho que ver con la imaginación, con los sentidos, con el imaginarse, por lo tanto, mientras más material tengo en la cabeza, mejor. Son muchas las cosas que pueden resultar eróticas para mí: un roce, un color de piel, una forma de caminar”.