Puppy on ottoman
Publicado 12 octubre 2011

Negligencias veterinarias: ¿quién fiscaliza?

Muy pocas veces aparecen en los medios, pero es real que nos topamos con desconocimiento del caso o, peor aún, falsos médicos. Las clínicas veterinarias y profesionales del rubro aumentan, pero aún falta información sobre cómo escoger un buen centro o denunciar una mala “maniobra”.

Por Carolina Palma F.

“El año pasado me regalaron a ‘Roger’, un cachorrito labrador que se supone venía desparasitado y con vacunas al día. Un día comenzó a adelgazar y no quería comer nada. Lo llevamos a una clínica donde se le diagnosticó distemper, por lo cual comenzamos un tratamiento súper pesado. Después de 3 semanas se encontraba mejor, y el veterinario le inyectó la séxtuple. Antes le pregunté si no era mejor hacerle un examen para corroborar si estaba completamente sano, y me dijo que no. Ahí lo infectó, ya que tenía las defensas bajas todavía. Lo llevé a otra clínica, donde me confirmaron que tenía pulmonía y me lo llenaron de pastillas, el pobre estaba cada día peor. Así que decidí llevarlo a otra veterinaria, y me aseguraron que moriría por la negligencia del primer y segundo especialista. Mi perro murió a los pocos días”. Este es relato de Daniela Duarte, quien reconoce que hasta hoy llora por su “Roger”.

Tal como este caso, existen muchos que han sufrido por posibles negligencias. Basta recordar el caso de la bailarina Maura Rivera, quien denunció la muerte de su cocker, al que dejó en la peluquería para realizarle un baño sanitario y se lo entregaron muerto. Es muy difícil contabilizarlas, porque pocos denuncian debido al tiempo o dinero, pero existen. “En el Colegio tenemos varios casos de colegas que han sido sancionados por nuestros comités de ética precisamente por vulnerar nuestros principios éticos que constan en nuestro Código”, cuenta Fernando Álvarez, tesorero nacional del Colegio Médico Veterinario.
El lado negativo es que no todos son colegiados. De esta forma quedan sin castigo y con su imagen intacta. Aunque gracias a las redes sociales hay decenas de denuncias en diferentes páginas, incluído el hoy poderoso Facebook. Claro que hay que tener claro que, a veces, estas “negligencias” esconden enfermedades crónicas no tratadas, consultas tardías o cuidados inadecuados de los propios dueños.
Quizás para algunos los animales no son seres importantes o “seres sintientes”, pero se trata de una situación relevante si consideramos que la Encuesta Nacional de Mascotas nos posicionó como el tercer país con más mascotas en Latinoamérica, especialmente en la regiones de Valparaíso y Metropolitana, donde la población canina sería de 1.250.000, según el estudio del doctor Fabián Espínola. La gran sorpresa es que el 93,6% tendría dueño; entonces, los que vemos en las calles estarían “paseando” solos, sin su correa respectiva. Craso error.

En el mismo sentido, según la consultora AC Nielsen, casi 6 de cada 10 personas, es decir, el 57,6% de las familias, tiene una mascota. ¿El más popular? El perro (46,5%) y luego los gatos (18,2%). Con respecto a la cantidad de servicios veterinarios no existe una medición exacta u oficial, pero se calculan 500 en la capital, y en el resto del país, 500 más.

¿Quién las regula? Fernando Álvarez explica que el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) controla los depósitos o farmacias de productos veterinarios y obliga a tener un Director Técnico cuando se están vendiendo productos; el Seremi de Salud correspondiente a la región vigila la instalación y uso de los equipos de radiología, cuando los hubiera; las Municipalidades otorgan y fiscalizan las patentes profesionales o comerciales necesarias, según corresponda, para funcionar, y las Juntas de Vecinos deben otorgar un permiso para que funcione un servicio veterinario en su sector.

Pese a esta fiscalización, lo recomendable es que los clientes analicen todas las áreas para asegurar una atención responsable. “Primero hay que verificar si está pagando su patente municipal, para que cumpla con las normas mínimas de higiene, y segundo, preguntar si el médico pertenece a Mevepa o al Colegio Médico Veterinario, porque eso ofrece un respaldo más”, aconseja el doctor Gastón Martín Fredes, vicepresidente nacional de Mevepa (Médicos Veterinarios Especialistas en Pequeños Animales).

Por otra parte, Fernando Álvarez aclara que las veterinarias pueden ser o no propiedad de un médico veterinario, pero lo que interesa al público es saber si quien atiende a sus mascotas es titulado. “Hay fuentes para averiguarlo: una es nuestro Colegio, donde hay una base de datos que contiene a los asociados, pero no a todos los que existen, porque la colegiatura es voluntaria”.

También, teóricamente, el Registro Civil debiera ofrecer una base de datos completa de profesionales. “En todo caso, si se logra averiguar en qué universidad estudió, se puede preguntar directamente por su situación. Otro modo es pedirle su título o su carnet de identidad, donde a veces consta su profesión. Si el cliente está pagando un servicio y el especialista se niega a identificarse, se puede pedir ayuda a Carabineros para conseguirlo”.

Los expertos insisten en que la regulación no es suficiente; por lo mismo dicen estar estudiando cómo clasificar los distintos servicios veterinarios, instarlos a inscribirse en el Colegio y aceptar ser regulados y fiscalizados para garantizar calidad. Todo estrictamente voluntario, pues no hay un organismo que actualmente regule estos aspectos.

“Desafortunadamente las asociaciones gremiales no tienen fuerza para hacer una campaña educativa al respecto. La legislación actual no contempla sanciones, dado que desde el gobierno de Pinochet los colegios profesionales son asociaciones gremiales, entonces no ejercen ninguna sanción legal’”.

Otra arista del tema se relaciona con las carreras veterinarias. “Se ha transformado en un negocio desregulado con oscuras perspectivas en el futuro inmediato”, dice Álvarez. Y agrega que “cuestionamos duramente las políticas de educación superior veterinaria, por cuanto se han multiplicado por 10 las escuelas que imparten nuestra carrera (hoy hay 31 escuelas), lo que ha dado lugar a una explosión de oferta de profesionales que claramente la sociedad no es capaz de absorber desde el punto de vista laboral. Tampoco garantiza la idoneidad de los jóvenes titulados, porque de esas 31 escuelas, sólo 4 están acreditadas”.

Las negligencias más comunes
Al escoger un centro resulta primordial la diferencia entre una consulta, donde se realizan terapias inyectable o administra suero, de una clínica u hospital veterinario, recintos adecuados para una cirugía o albergar animales enfermos o en recuperación.

Páginas: 1 2

 
© Copyright 2009 Grupo Publimetro

Venta de Publicidad: 56 2 421 5900 ó comercial@publimetro.cl