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Publicado 21 febrero 2012

Paula González nos explica cómo vencer la maldad

Hay formas de vencer esta fuerza negativa tan fuerte que a veces puede hacer presa de nosotros, de antaño las personas le han rezado a los Santos, a la Virgen María, al Arcángel San Miguel, al Espíritu Santo para que las proteja y las ayude a ser mejores en su vida diaria y en las decisiones que deben tomar para no herir a los demás, lo que en verdad es un verdadero remedio para nuestra alma cuando está atormentada o nuestra mente cuando necesita hacer lo correcto.

Desde nuestra niñez cuando hacemos algo no correcto nos llaman malos, y de una u otra forma nos hacen sentir de verdad como si lo fuéramos, incluso, nos castigan o nos limitan algo que nos gusta con el objeto de que podamos comprender lo errado de nuestra decisión, lo que finalmente termina siendo el principio del aprendizaje sobre el bien y el mal.

Pero la verdad es que no somos malos, no en esencia. Sólo actuamos de forma equivocada o caprichosa, o bien nos dejamos llevar por nuestras emociones y, claramente, no pensamos en lo que de verdad estamos haciendo y, por supuesto, en las consecuencias que traerán.

Con el tiempo logramos desarrollar mayor conciencia sobre nuestras acciones, ya que la misma vida y el contacto con otras personas, las experiencias buenas o malas que vivimos, nos dan una mayor perspectiva sobre el camino más correcto hacia nuestro futuro.

Sin embargo, y muy a nuestro pesar, existen personas que desde que son muy pequeñas tienen una fuerte tendencia a hacer lo incorrecto, a mentir, a odiar, a agredir, a no respetar y a pensar que tienen derecho a tomar todo lo que desean sin pensar en los derechos de los demás, eso sí claramente es maldad.

Lamentablemente no nos será fácil el relacionarnos con ellos, el convivir con ellos, el trabajar a su lado y, lo más complicado, perdonarlos, lo que claramente después de que nos hayan hecho daño será muy difícil y, a ratos, pensarlo hasta imposible.

¿Cómo será que podremos aprender a relacionarnos con ellos sin salir dañados? La verdad es que la respuesta para ello es que eso es muy poco probable. Si bien es cierto, todos llevamos un alma en nuestro interior que nos entrega una chispa maravillosa y divina, estas personas jamás tendrán contacto con esa luz, y no será porque no puedan sino más bien porque escogerán no hacerlo, al complacerse en la oscuridad, lo que una vez decidido será un destino que ellos mismos se han trazado.

A veces, incluso, es posible que algo de esto se nos contagie, sin por supuesto ser tan fuerte o tan extremista en su forma de expresarse, pero en verdad es tan negativo como ser el peor de los seres humanos, ya que la maldad es una sola, aunque pensemos que sólo estamos mintiendo por necesidad, o hablando mal de alguien porque nos preguntaron nuestra opinión, o porque le hablamos mal a alguna persona debido a que estamos muy estresados, en fin, cuando nuestra actitud de verdad no es cristiana con el mundo que nos rodea.

Hay formas de vencer esta fuerza negativa tan fuerte que a veces puede hacer presa de nosotros, de antaño las personas le han rezado a los Santos, a la Virgen María, al Arcángel San Miguel, al Espíritu Santo para que las proteja y las ayude a ser mejores en su vida diaria y en las decisiones que deben tomar para no herir a los demás, lo que en verdad es un verdadero remedio para nuestra alma cuando está atormentada o nuestra mente cuando necesita hacer lo correcto.

Por lo que las oraciones y el apoyo divino si nos sirven y claramente nos protegen contra la maldad, incluso, pueden llegar a convertir a personas que hayan estado en el camino equivocado por mucho tiempo. Puesto que al orar se libera amor y confianza, que de verdad generará grandes cambios positivos de acuerdo a la fe que poseamos y que pongamos cada vez que levantamos una plegaria al cielo.

Así es que sí se puede vencer la maldad, el odio, la venganza, los malos deseos y pensamientos, la envidia, la violencia, en fin, cualquier expresión negativa que pueda ser grande o pequeña con cadenas de oración, con actos de confianza y amor, con plegarias al cielo y, sobre todo, con la convicción de que si nos educamos en la fe en Dios y siempre oramos con verdadera fe y entrega la fuerza de la bondad, de la verdad y de la justicia estarán de nuestro lado y nos darán las armas para protegernos y evitar que algo malo nos suceda o bien la fortaleza para levantarnos del dolor y perdonar para poder continuar y lograr de verdad estar bien pudiendo alcanzar la felicidad, cosa que aquellas personas que eligieron el mal camino jamás podrán ni soñar en esta vida conocer.

 
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